El Británico, el Estado ausente de la Ciudad

“No aguantar” es un eufemismo por “a presar de estar entre los tres distrito más rico de Argentina (participa con más del 25% del PBI per capita del país), no haremos nada”

Una de las consecuencias de una Ciudad en la que cada vez se privatiza más desde el propio Estado.

Bar Británico, espera, en su sorda inercia, no caer en manos de Starbucks

El Bar Británico espera, en su sorda inercia, no caer en manos de Starbucks

Escribe Victoria Haidar** “Dos características fundamentales de la gestión neoliberal en Buenos Aires: 1) la división del espacio social entre una “comunidad de individuos libres e iguales” y otro sector que queda excluido del goce de derechos formalmente asegurados a todos los ciudadanos; y, 2) la suspensión de las reglas del Estado de derecho en nombre de una supuesta “utilidad común”, siempre guiada por criterios de mercado.”

Ellos privatizan, tercera persona del plural
(en todo no estás vos, que sería segunda del singular)

Privatizar es desviar el Presupuesto de la Ciudad (el dinero público) a infraestructura y servicios para beneficiar a empresas, cuyo principal objetivo es generar riqueza particular, y eventualmente, producir mercancías transables, entre las que no entraría “el café” de un Bar Notable.
Privatizan a la Policía Metropolitana cuando desaloja la Sala Alberdi para luego “alquilar” ese espacio para eventos privados; o reprimen la defensa legal, legitimada por un amparo en la justicia que desconocen, en el momento una empresa “destructora” había sido contratada para demoler el Taller Protegido del Borda, que fue el puntapié inicial de un gran negocio inmobiliario en Barracas, para lo que destinarán millones y millones de pesos, en remozar la zona y propiciar su avance.
Privatizan las decisiones de los “vecinos” al impulsar la construcción del “Microestadio de la manzana 66” contra la voluntad de todos los habitantes del barrio que quieren que esa manzana, hoy completamente libre, se destine a una nueva plaza y un espacio polideportivo, en una de las áreas con menos espacios verdes de la ciudad, al tiempo lanzan un programa de aumentarlos “para los próximos 20 años”, sin citar el negocio de los “techos y muros verdes”.

mapa     El espacio público verde reemplazado por las terrazas privadas verdes, José Hernandez escribiría hoy: "hacé amigo al encargado" no le des de qué quejarse; y cuando quiera enojarse vos te debés encoger, pues siempre es güeno tener terraza ande ir a insolarse."

El espacio público verde reemplazado por las terrazas privadas verdes, José Hernandez escribiría hoy: “hacé amigo al encargado, no le des de qué quejarse, y cuando quiera enojarse, vos te debés encoger, pues siempre es güeno tener, terraza ande ir a insolarse.”

El Gobierno de la Ciudad, ni siquiera sostiene con elementales medidas, lo que dicen en el sitio web del GCBA: “Tenemos como metas: aumentar la cantidad de espacios verdes públicos y la capacidad de mitigación de inundaciones en la ciudad; que los vecinos tengan una plaza a no más de 350 metros… deberán crearse 78 nuevas plazas.”
Privatizan las obras de infraestructura cuando dicen: “Realizamos con los vecinos las Consultas Públicas sobre las obras del Arroyo Vega, el martes 28 de abril en la sede de la Comuna 13.” y los “vecinos” de carne y hueso del barrio, denuncian no haber sido escuchados en sus propuestas, ese mismo día.

Gerenciando Buenos Aires

Gerenciando Buenos Aires

Privatizan los espacios verdes cuando “a la audiencia pública de la ley para la instalación de bares –y emprendimientos gastronómicos privados- en plazas y parques de la Ciudad” llevan “vecinos” pagos a defender vergonzosamente el proyecto.
Privatizan los recursos de la Ciudad cuando permanentemente violan legislación vigente; cuando desvían fondos de presupuesto de políticas en áreas sociales hacia negocios publicitarios electoralistas y hormigones viales innecesarios, cuando siguen pavimentando el Parque Chacabuco o retirando el adoquinado público protegido; cuando estigmatizan a los inmigrantes, cuando no urbanizan las villas; cuando concesionan espacios de la Ciudad para la construcción de nuevos Centros Comerciales como Caballito o Pacífico; cuando ponen dinero en infraestructura para los “distritos” que no son más que subsidios encubiertos a negocios privados que no benefician a los ciudadanos de Buenos Aires; cuando hacen obras de infraestructura, como los túneles de la Av. 9 de Julio bajo la Av. San Juan, flagrantes acuerdos para beneficiar a socios y parientes; cuando no delegan las atribuciones a las comunas (que el mismo PRO maneja en su mayoría) al no asignar las partidas presupuestarias determinadas por ley; cuando endeudan a la Ciudad de forma exorbitante; cuando en cada acción de gobierno en que actúan, hay dinero público.

La ley que teóricamente protegería Bares Notables auspiciando su promoción, como tantas otras acciones solamente declamadas, queda reducida a discurso retórico.

Por Bernardo Zabala
Miembro de PropAMBA 

 **Victoria Haidar, La matriz autoritaria del proyecto neoliberal,
La ciudad empresa, 2013, Ediciones CCC

 

Al final, el Británico no pudo aguantar y debió bajar la cortina.

Adiós a otro Bar Notable.
El inquilino dijo que perdía plata y se fue. El lo había reabierto en 2008 cuando los dueños desalojaron a los tres gallegos que le habían dado identidad al local.
Sin pena, pero con la gloria de su pasado a cuestas, el Bar Británico volvió a cerrar. Su inquilino, Agustín Sousa, que en 2007 lo reabrió y tomó la posta de los recordados gallegos, esta semana bajó las persianas y dijo que ya no lo puede mantener más. Así, la Ciudad perdió el noveno bar notable en los últimos seis años. Al menos por ahora, porque los dueños del local de Brasil y Defensa afirman que están buscando interesados para que siga siendo un bar.
El cierre ocurrió sin aviso. Algunos vecinos se sorprendieron cuando vieron a Sousa cerrando las persianas el lunes a las 16. “Ya no puedo mantenerlo –les confesó–. Estoy poniendo plata todos los meses ”. Desde entonces, no regresó. En la vereda quedaron las plantas, que sacó del local antes de irse.
Hace días que el Británico abría en forma errática y cada vez tenía menos clientes. “Ya no cumplían los horarios. Lo abrían tarde y un día lo cerraban a las 22 y otro a las 24. La atención y la calidad de la comida habían decaído mucho. Igual, para mí lo van a reabrir como bar porque los dueños del local le compraron el nombre Británico a los gallegos ”, sostuvo Ana Salas, a cargo de la barra de El Hipopótamo, otro Bar Notable que está enfrente, en la misma esquina.
Los dueños del local donde funcionaba el Británico confirman que su idea es que siga siendo un bar. “Cerró porque se fue el inquilino. Como hicimos siempre, estamos buscando a alguien que pueda cumplir con los requisitos de un Bar Notable y que pueda continuar con la historia del Británico”, contó Maggie Benvenuto.
En el Ministerio de Cultura porteño explican que desde la Dirección General de Patrimonio están acompañando a los dueños en la búsqueda de un inquilino. “Buscamos operadores en el sector gastronómico para acercárselos a los dueños del local –explica el ministro Hernán Lombardi–. Además, en un mes vamos a enviar un proyecto a la Legislatura para reducirle más el impuesto de Ingresos Brutos a los Bares Notables, como un incentivo extra para sus propietarios. Para la Ciudad es muy importante preservar estos lugares”.
Esta vez no hubo tiempo para juntar firmas, organizar cafeteadas en la calle o hacer asambleas para impedir el cierre del Británico, como ocurrió en 2006. Sousa se fue de un día para el otro. Y curiosamente, en estos días no se armó el escándalo que sí se desató hace ocho años. “Es que desde que no están los gallegos, el Británico nunca volvió a ser lo mismo. Muchos habitués no volvieron. Y cada vez iba menos gente”, contó José, un vecino de San Telmo.
El lugar ya era bar en 1929 y se llamaba La Cosechera. Pero en 1960, lo alquilaron los gallegos José Miñones, José Trillo y Manolo Pose y lo rebautizaron como Británico. Fue en honor a los ex combatientes ingleses de la Primera Guerra Mundial que solían reunirse allí. Durante la guerra de Malvinas, le cambiaron fugazmente el nombre tapándole las tres primeras letras y así quedó “Bar Tánico”.
Durante años, en las sillas del Británico se sentaron bohemios, artistas, taxistas, parejas y barras de amigos. Y cuentan que en una de sus mesas, el escritor Ernesto Sábato escribió “Sobre héroes y tumbas”.
El Británico abría todos los días, las 24 horas. Sólo cerraba durante las noches del 24 y el 31 de diciembre, por las fiestas. Los vecinos recuerdan que un día de semana los sorprendió ver las persianas a media asta. Lo habían cerrado porque había muerto la esposa de uno de los gallegos. Cuando fueron a darle el pésame, él reflexionó: “Por lo menos se murió un jueves y no un domingo”. Así de esencial era en su vida no cerrar el bar, sobre todo un fin de semana.
Hasta que en el año 2006, los dueños del local decidieron no renovarle el contrato a los gallegos. Hubo protestas vecinales, que temían que el lugar perdiera su encanto, pero de nada sirvieron. El Británico cerró el 23 de junio de 2006. “Estoy muy triste, pero algún día tenía que ser”, confesó Trillo mientras vaciaba el local.
El 7 de febrero de 2007, el Británico fue reabierto por Agustín Sousa, que lo restauró y recuperó sus antiguas mesas y sillas. Y aunque prometió no volver a cerrarlo, después de ocho años la realidad pudo más. Y ahora el bar de Brasil y Defensa espera algún otro que se haga cargo de su historia.

Nora Sánchez – Clarín

Una distinción que no protege

En los últimos seis años cerraron nueve bares declarados como notables, incluyendo a los cafés Argos, Aragón, Izmir, Queen Bess, el Chino de Pompeya y, ahora, el Británico. Otros se reinventan como pizzerías. O hasta como un negocio de deportes, como ocurrió con la Confitería Richmond.
La ley de Bares Notables fue aprobada en 1998 con el objetivo de “promover cafés, bares, billares y confiterías notables de la Ciudad”. Por entonces, había 85 bares catalogados. Hoy quedan 73. Es que la norma no impide los cierres ni los cambios de uso.
Algunos sitios cerraron, pero fueron reabiertos con todo su esplendor, como Las Violetas. Otros sufrieron cambios, como el bar La Paz, en Corrientes al 1500, que incorporó un gran kiosco en la esquina. En el caso de la London City, donde Julio Cortázar ambientó Los Premios, reabrirá como restaurante. Y Los 36 Billares será una pizzería.

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