RODOLFO LIVINGSTON: La gran batalla por el suelo

Por Claudia Bustamante y Margarita Pécora
Comunas AM 990 – viernes de 17 a 19 hs.

Una charla radial enriquecedora, nos regaló este jueves el prestigioso arquitecto argentino Rodolfo Livingston quien reflexionó sobre el uso de la tierra, los espacios, ligado a su concepto de que ““la soberanía nacional no es solamente la frontera, sino también la vereda, los terrenos”. El mercantilismo que condena al hacinamiento en la Capital porteña, fue eje del diálogo.

El juez y yo
El diálogo con Livingston arrancó con el impacto de la noticia por el  deceso del afamado escritor colombiano  Gabriel García Márquez.
“Acabo de enterarme de la muerte de Gabriel García Márquez, que abrió las puertas  a la Literatura de Latinoamérica  al mundo, prácticamente desconocida en Europa y  en otros lugares. Fue muy importante lo que hizo, sobre todo al escribir “Cien años de soledad”, los detalles cotidianos de una de las  más grandes elucubraciones de la  vida- Fidel Castro debe estar muy afligido porque era muy gran amigo de él.

Usted también ha tenido una relación muy cercana con Cuba.
Sí, fui 32 veces, tengo el alma cubana. Casi toda mi vida de adulto estuvo vinculada a Cuba. Llegué ahí  recién triunfada la Revolución, y estuve un mes después de Playa Girón y largas experiencias con Cuba.

Hacinamiento porteño

Arquitecto,  hay datos estadísticos que hablan de un hacinamiento en ascenso en la Capital, y de que esto se viene produciendo desde que se siguió la línea de construir mono ambientes o cuando más,  departamentos de dos ambientes ¿A qué Usted le atribuye esta tendencia?
A construcciones no habitadas, a que se construye por todas partes en Buenos Aires a modo de guardar el dinero, pero no para que habite la gente. Es una contradicción  impresionante. Hay la misma cantidad de gente y muchísimas viviendas desocupadas que le  quitan el suelo, el espacio a la gente.
La gran batalla es por el suelo que está en el mercado y se vende como el oro, como los zapatos. El suelo es como ley de gravedad que está en el mercado, que se vende como el oro, como los zapatos, El suelo es nada menos que  como la ley de gravedad  que impulsa a la Tierra, es la pacha mama, Dios para muchas  culturas y en nuestra cultura se ha bastardeado el tema para convertirlo en una moneda, y pueden acceder al suelo los que tienen mucha plata, los demás tienen que esconderse en lugares inundables, en las pomas, y en realidad esos tienen un derecho que han perdido. Para vivir hay que pisar el piso.

Livingston, tenemos datos también de que en la Ciudad de Buenos Aires hay 140 mil viviendas desocupadas, de las cuales casi el 45 % son para especulación financiera. ¿Cómo se tasa una propiedad en grandes capitales como ésta?
Hay un “dios” nuevo que gobierna al mundo sobre todo en  la época neoliberal y es el mercado que decide cuánto vale cada cosa. Una es el precio y otra es el valor.  El precio es lo que manda en la Tierra. He estado en reuniones con inversores con arquitectos, para edificar y en ningún momento se habla de la vivienda, la vida, dónde va a estar la cama, el tomacorriente, cuántos caben bajo un techo. No hablan de la vida. Y los arquitectos cuando juramos al recibir nuestro título decimos que queremos atender a la gente, estamos a cargo del Hábitat. En lugar de poner la plata en cajas fuertes, lo ponen en objetos llamados  vivienda, no importa que nadie viva allí. Y las viviendas son espantosas, de un ambiente, y es un atentado contra la familia. No lo es solo por materiales precarios sino por el hacinamiento.

Parece que hay un tema mucho más profundo, que no se toca, que parece vedado y es el acceso al suelo, a la tierra ¿Cómo es eso?
Exactamente el suelo. Hay una  carta famosa de un niño al Presidente norteamericano que dice ¿Cómo vamos a tasar  la tierra, tasar el aire, cuánto vale un metro de lago, de aire? .Hay también un  poema de Nicolás Guillén sobre esto. Es así,  el suelo es una mercancía. A tanto el metro cuadrado. Cuánto vale el metro ahí, tanto, cuánto nos saldría el terreno, cuántos pisos podemos hacer…y consiguen una excepción para hacer trampas contra las que muchas veces los vecinos se revelan.
Creo que una de las acciones que habría que tomar es fijar límites para el precio del suelo y fijar grandes extensiones para el grueso de la población que no puede acceder a ella. Es un disparate un atraso. Hay muchas cosas absurdas. Por ejemplo hay una lucha mundial por la arena, hay una mafia por la arena. Por ejemplo en Miami hay demandas enormes, y robo de la arena,  de la arena de las  playas para construir los edificios  en las mismas playas.

El mercado está imponiendo la forma de vivir en viviendas tan pequeñas  de hasta 45 metros cuadrados. Los informes de la última década son impresionantes. ¿Qué tipo de vida puede llevar una familia tipo viviendo en espacios tan pequeños?
Lo que implica es la  naturalización de ese drama. Estuve invitado a dar una conferencia  en Escobar en  un Congreso de arquitectos, en realidad de   premios a la vivienda mínima y recuerdo que había una especie de sarcófago que se desarmaba y se convertía en silla. Era increíble y estaban todos ahí  naturalizando aquello.
Por su experiencia mundial como arquitecto,  me gustaría que haga una reflexión acerca de cuáles son las secuelas sociales que deja el hacinamiento en la gente obligada a vivir en espacios tan reducidos e infrahumanos?
Se han hecho experimentos incluso con ratones. Nosotros somos también animales. Cuando se empieza a reducir el espacio se empiezan a pelear y terminan comiéndose entre ellos. El espacio  es la libertad. Por eso la gente tiene que salir a  las plazas forzosamente. Los parques están llenos de gente los domingos. Además de que las casas están “apretadas”, hay muy pocos parques. Hay algo así como un metro cuadrado y medio por persona y harían falta 10, según la  Organización Mundial de la Salud (OMS).  La vida transcurre una adentro  y una afuera. Y el afuera también ya se está resintiendo.

¿Puede comentar a nuestra audiencia cómo fue el aporte suyo al  Programa del Arquitecto de la Comunidad que fundó en Cuba?
Un milagro  fue porque en  pleno Socialismo instalamos un sistema que si bien coincidía con las metas profundas de la Revolución, los arquitectos no cumplían horario, no les pagaba el Estado, sino la gente. Era una cosa insólita.  Teníamos el patrocinio del Comandante Montean que lo calificó “esto es una Revolución dentro de la Revolución”. Después creo que lo burocratizaron un poco, los convirtieron a los arquitectos de la comunidad en  inspectores municipales. Igual atienden muy bien a la gente porque no pueden abandonar el método.
En Cuba habían leído mi libro Cirugía de Casas, donde yo hablaba de la arquitectura cotidiana. Los dirigentes cubanos habían descubierto que si bien habían eliminado  barrios miseria y construido cantidad de mono bloques, la gente por su cuenta seguía reformando y construyendo mal sus viviendas. Entonces dijeron ahí tenemos que actuar.  Y llegué con mi experiencia de acá y ahí fue cuando decidieron hacer cursos allá, y se gestionó una ONG  en un año  muy difícil  en Cuba.

No  queremos dejar de preguntarle sobre PropAMBA (Propuesta para el Área Metropolitana de Buenos Aires)
PropAMBA  es  una usina  de ideas. La convocatoria es a vecinos, a técnicos, abogados, arquitectos, que  nos reunimos en la Biblioteca Nacional,  una vez por mes. Esa libertad de no estar en un Ministerio es para la creación, el invento. Hablamos de experiencias  que normalmente no se hablan, y aparecen ideas. Queremos concretar un montón de ideas que les sea útil a un nuevo gobierno de la Ciudad. Es muy  interesante allí  el aporte de los vecinos, la participación del ciudadano, que les pregunten, que hablen cuando van a vivir una casa. En Propamba lo vecinos tienen ideas maravillosas, mejores muchas veces que las  de los técnicos.

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