Entrevista al profesor David Harvey

“No creo que todo deba funcionar bajo la lógica de la propiedad privada”

26 Ago 2013
telegrafo.com.ec
Entrevista, Fausto Rivera Yánez

Entrevista al profesor David Harvey, destacado geógrafo y pensador inglés, y autor de obras como Ciudades Rebeldes y El enigma del capital. Estuvo hace pocos días en Quito dictando conferencias y participando en conversatorios.
“No creo que todo deba funcionar bajo la lógica de la propiedad privada”

harveyInvitado por el Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN) para dictar  una serie de conversatorios en Quito, David Harvey,  a pesar de su avanzada edad, no pierde la claridad  y sencillez para transmitir sus reflexiones que van desde la configuración de las ciudades como centros donde se organiza y reproduce el capital, hasta cómo el “capitalismo salvaje” asola las calles públicas.

Con un gastado chaleco rojo, el profesor Harvey, además de exponer una conferencia magistral sobre los  procesos constituyentes en América, el Ocuppy Wall Street y los nuevos movimientos sociales, recorrió junto con el urbanista Miguel Robles-Durán y miembros de la Fundación  Gescultura,  las calles populares de Quito, específicamente, el barrio de San Roque, donde compartió con los moradores de la zona las experiencias culturales, productivas y simbólicas que se generan ahí.

Destacado geógrafo y pensador social inglés, y autor de obras altamente citadas como Ciudades Rebeldes, El enigma del capital o La condición de la posmodernidad: Investigación sobre los orígenes del cambio cultural, David Harvey recupera el pensamiento marxista para relacionar los procesos  de urbanización de las ciudades con la acumulación del  capital, donde señala: “La ciudad no ha sido nunca un lugar armónico, libre de confusión, conflictos, violencia. Basta leer la historia de la Comuna de París de 1871 o ver el retrato ficticio de las Bandas de Nuevas York de 1850 trazado por Scorsese para tomar conciencia de cuán lejos se ha llegado.”

¿De qué manera la crisis financiera y económica que atraviesan Europa y Estados Unidos, pese a su leve recuperación en lo que va del año, se expresa en las ciudades, y cómo se va desplazando a territorios que son “ajenos” a esos contextos geográficos?
Uno de los principios clave del que siempre me gusta hablar, es la forma en la que el capital no resuelve sus contradicciones  a la crisis, sino que simplemente las mueve de un sector a otro. Así, por ejemplo, vemos cómo la crisis que comenzó en los mercados de vivienda, se movilizó a los sectores financieros, después al consumo y entramos en el choque de las economías de exportación.
Entonces, se evidencia  un cambio geográfico y sectorial de donde empezó a donde se encuentra ahora la crisis. Inició en el sur de California y Florida, y de ahí se trasladó a sus centros financieros en Nueva York y Londres, lo cual afectó a todos por la congelación del sistema de crédito. Es una manera muy elaborada cómo la geografía de la crisis se despliega, ya que personas que estaban sentadas en un municipio al  interior de Noruega, de repente encuentran que todo su dinero se ha ido, ya que se  lo invirtió en  obligaciones de deuda garantizadas que fueron emitidas en las casas de California, y que ahora no valen nada. Entonces, es importante realizar un seguimiento de la crisis, especialmente,  su paso del sector privado al  público, pues lo que era un problema de lo privado, por ejemplo,  en  la financiación de la vivienda, ahora es público.

¿Pero cómo ese desplazamiento de la crisis se manifiesta en una escala más micro de las ciudades, en la forma de vida de sus habitantes?
Si vas a una ciudad como Detroit o Stockton en California, encuentras solamente casas abandonadas. Espacios que antes eran comunitarios y vibrantes, ahora están vacíos, y los individuos, por supuesto, quedan atrapados en este sistema, porque si yo estoy viviendo en una casa que no está hipotecada, pero todas las casas que me rodean están en una ejecución hipotecaria, es como si viviera en un desierto y, de repente, los espacios se vuelven imposibles de ocuparlos.
“La calle es un lugar social,  las personas están produciendo  vida urbana, cultura  y no solamente  cosas”.Si nos fijamos en las fotografías actuales de Detroit, lo que se ve son grandes espacios industriales que están vacíos de cualquier actividad, mientras que antes eran espacios ocupados por fábricas muy dinámicas. Los barrios viejos están siendo destruidos, al mismo tiempo que se construyen casas nuevas en otros lugares. En la ciudad de Nueva York, por ejemplo, todavía se están construyendo condominios para los ricos, mientras que la otra parte de la vivienda de la ciudad está quedando desierta. Entonces, encuentras casas y calles vacías y, por supuesto, eso se traslada al hecho de que no hay inversión local en infraestructura, las escuelas colapsan, las bibliotecas se cierran y todo se desmorona. Casi la mitad de la ciudad se está cayendo a pedazos y, sin embargo,  en la otra parte de la ciudad vemos una gran cantidad de inversión que va principalmente a las áreas que son muy afluentes, que han logrado sobrevivir a la crisis muy bien. En particular, en esta crisis, los ricos no han sufrido mucho, mientras que la escala social más baja de ingresos, sí.

Movimientos como Occupy Wall Street en Nueva York se inspiran, en parte, en su obra, pues proponen la búsqueda de una ciudad que priorice a la clase trabajadora y no al lucro inmobiliario por sobre las necesidades de vivienda y calidad de vida de la gente, ¿cómo entendemos, en la composición actual de las ciudades, a la clase trabajadora?
El líder comunista italiano, Antonio Gramsci,  por 1918, analizó la organización de la clase obrera. Era un gran defensor de los Consejos de Fábrica, que tradicionalmente empleaban a trabajadores de   fábricas  que estaban organizados. Pero señaló que el Consejo no representaba a toda la  clase obrera, y lo que hizo fue sugerir que se necesitaba   organización en los barrios porque es ahí donde se tiene una mejor comprensión de esa clase social, además, ahí se podían establecer alianzas entre barrenderos, trabajadores del transporte  obrero, empleados de banco, entre otras personas. Esto me lleva a pensar que el concepto de la clase obrera no se trata simplemente de los trabajadores en las fábricas, sino que son todas las personas que están involucradas en la producción y reproducción de la vida urbana. Es decir, en lugar de pensar   a la producción como la simple generación de automóviles o  de camisetas, hay que pensarla como la producción de la ciudad. Por lo tanto, cuando  decimos que la ciudad es un sitio para la revolución y la transformación, se habla de todos aquellos elementos que trabajando juntos, alcanzan intereses comunes.

En algunas ciudades de América Latina, hay una acentuada ocupación del comercio informal en los  espacios públicos. Sin embargo, cada vez más se consolida la tendencia a organizarlos en centros comerciales privados. En este contexto, ¿cuál sería el futuro  de estas formas de comercio que se divorcian de la organización tradicional del capital?
La manera en que esas ocupaciones están presentes en el espacio público empiezan a ser cada vez más significativas. Los vendedores ambulantes, por ejemplo, cambian el  espacio público por un espacio común, es decir, lo convierten en un lugar de activismo político y de activismo comercial, en la medida en que los vendedores de la calle crean realmente espacios donde las personas se reúnen, comen, circulan y hablan. Le dan vida a los espacios  que estaban muertos. No me gusta ver a las calles limpias sin nadie en ellas. La calle es un lugar social,  las personas están produciendo  vida urbana, cultura  y no solamente  cosas. Por ello, a algunos  nos gusta hablar de la ciudad como un lugar de transformación revolucionaria, como un elemento clave para cualquier tipo de activismo político.

En un informe del Banco Mundial se defendía a la propiedad privada de la vivienda como vía para salir de la pobreza y entrar en la ciudadanía urbana, frente al caos de las subprime y las ejecuciones hipotecarias. Y a renglón seguido, un analista económico del Ecuador comentaba: “Quiero un país de propietarios y no de proletarios”, ¿es esta la solución?
Hay ciertos aspectos de la apropiación privada que obviamente valoramos. Pero creo que, al tratar de privatizarlo todo, pierdes la posibilidad de una acción colectiva. No pienso que la propiedad privada sea la respuesta a la crisis. Creo que los acuerdos sociales para  usar un espacio libre y abierto son un principio muy importante para la vida urbana. No creo que todo deba funcionar bajo la lógica de la propiedad, pues se fragmentan  las nociones de responsabilidad colectiva.

Usted señalaba en una entrevista que se han creado falsos imaginarios sobre lo que significa la ciudad, y esto ha ocasionado que cada vez más la gente tenga miedo de ocupar el espacio público, ¿quiénes son los responsables?
Me encantan las ciudades, y una de las grandes batallas a la que tenemos que hacer frente los amantes de ellas, es al clima  de miedo que se ha creado en torno a la vida urbana. Por ejemplo, cuando ocurre un incidente en la ciudad, como el asesinato de alguien en la calle,  los  medios de comunicación transmiten el mensaje de que es peligroso estar en la ciudad, por lo tanto, hay que mantenerse en las casas. Sin embargo, ahora existe una probabilidad mucho más alta de morir en la privacidad de tu propia casa que en la calle. Y frente a esta realidad ¿acaso los medios te dicen que no entres a tu propia casa porque tienes más probabilidades de morir ahí?
Por lo tanto, se crea ese clima de miedo para destruir la forma en la que las buenas ciudades realmente funcionan. Pero hay que reconocer que estas no están libres de conflicto. Hay gente que es diferente y siempre habrá roces; sin embargo, aprendes de ellos, es un ambiente educativo fantástico. Una de las peores cosas que ocurren en Estados Unidos es que la gente vive en comunidades cerradas, los niños crecen en ambientes protegidos,  no saben qué es la ciudad en absoluto, y lo que se les enseña acerca de la ciudad,  es que es peligrosa. Sin embargo, hay más asesinatos en los barrios cerrados que en las calles de la ciudad.

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