PATRIMONIO URBANO

Fuente. Página/12, 10 de noviembre de 2012

 Por Sergio Kiernan

El barrio viejo de Palermo es tan, pero tan grande que tiene una subdivisión mañera, para baqueanos. Está el Viejo, está el Hollywood y ahora el Queens, como está Plaza Italia, Botánico y pedacitos medio que hay que indicar (Scalabrini Ortiz y Paraguay…). Arañando los bordes, está lo que llamaban Villa Freud y al costado el nacimiento de la calle Honduras. Esta zona supo ser tranquila y mostraba su matriz de clase obrera en ascenso y luego clase media, diferencias que se pueden apreciar comparando las casonas de fin de siglo sobre Salguero hacia Córdoba y las afrancesadas de principios de siglo sobre Medrano.

Quien quiera comparar, que se apure, porque Honduras y su entorno están siendo devorados por la expansión de uno de los lugares urbanamente más mediocres de esta ciudad, el amasijo de edificios de departamentos que desdibuja la zona entre Santa Fe, Coronel Díaz y la Plaza Güemes. Esta pequeña región es el sueño de la alta densidad urbana completado: todo tiene la misma altura, todos los edificios son indistinguibles, todas las cuadras se niegan el sol excepto al mediodía exacto. La monotonía es tal que para encontrar la casa de alguien hay que mirar el número en la puerta, aunque uno vaya seguido.

Por Honduras está subiendo esta plaga aburrida, con alguno que otro edificio decorado con una fachada poco convincente, de las que esperan un Prisker por tener balcones curvos. Y así caen las casas originales, con el peligro de que pronto nos quedemos sin las ya escasas italianizantes de los 1880-1890, las que tenían el piso elevado para hacer una cámara de aire.

Una de esas casas nobles y sencillas es la de Evaristo Carriego, el poeta coplero que fascinaba al joven Borges, vecino de Palermo –en lo que era La Antártida en sus tiempos mozos y ahora es Palermo Viejo– seducido por los cuchilleros y malevos. La casa del poeta es un pura sangre del encuentro entre tradición criolla y ornamento italiano, simple pero no severa, perfectamente proporcionada y con zaguán y patios. Desde hace muchos años es una biblioteca municipal y hasta que la dejaron caer en el abandono material era peña y lugar de encuentro de esa comunidad tan maltratada, el escritor desconocido.

El gobierno porteño acaba de anunciar que se va a ocupar de la biblioteca. Pero no para arreglarla y restaurarla sino para “ampliarla y actualizarla”. Pese a que el edificio es patrimonio edificado, pese a que siendo del Estado y teniendo más de cincuenta años tiene que ser tratado con criterios especiales, lo van a ampliar y listo. Y el que encarga las obras no es alguna Dirección General de Negocios Ignorantes. Es el Ministerio de Cultura que encabeza Hernán Lombardi, un funcionario que debería estar haciendo cumplir estas leyes a los demás.

La obra acaba de ser licitada por 2.115.684,20 pesos como expediente 20.672/2012 y licitación pública 2119/2012. Las tareas a realizar en Honduras 3784 incluyen “trabajos de demolición y retiro de elementos constructivos”, mientras el plan avisa que se “remodelarán y ampliarán los locales de planta baja con el agregado de una planta alta completa. Se harán nuevas instalaciones sanitarias, eléctricas, de incendio y termomecánicas. Se restaurarán y recolocarán materiales originales del edificio”.

En castellano simple, demoliciones internas, cambio de espacios, un piso entero de más y finalmente volver a colocar baldosas y herrerías. Exactamente lo que pasa por reciclado en los locales de Palermo Viejo, Honduras arriba, pero muy por debajo de lo que debería ser el standard de trabajo del Ministerio de Cultura porteño. Lo nuevo, entonces, es que no sólo el ministro Lombardi se dejó correr por su colega de Desarrollo Urbano Daniel Chaín cuando, muy al comienzo de su gestión, amagó ganar poder de control del patrimonio, sino que ahora destruye el suyo propio.

En Entre Ríos

La provincia de Entre Ríos no tiene una política coherente de patrimonio, cuya supervivencia parece dejada a la lucidez o buena voluntad del intendente de turno. Quien quiera verlo –cuidado con la industria de las boletas de la policía local, que maneja una ruta nacional como vaca lechera con toda arbitrariedad– puede visitar casi cualquier pueblo o ciudad de la provincia, donde encontrará cascos históricos devastados por torres y remodelaciones truchas al mejor estilo suburbio porteño. Al parecer, los tesoros arquitectónicos de Entre Ríos, que son únicos en el país, no merecen una política coherente ni un control estricto.

Un caso en la localidad de Chajarí, departamento de Federación, muestra claramente la situación. En 9 de Julio y Max se alza la iglesia de Santa Rosa de Lima, una linda pieza italiana de fines de siglo. La primera capilla local se alzó ahí, con techo de paja, en 1883, y para 1899 quedaba absorbida en el templo actual, que se terminó en 1903. El templo está en buen estado, con sus casas parroquiales remodeladas, pero sus interiores con el equipamiento intacto y sin cambios notables. El edificio es parte del Patrimonio Histórico Arquitectónico de la provincia, por decisión del gobierno provincial, el Consejo Federal de Inversiones y el Colegio de Arquitectos de Entre Ríos.

Pero como puede verse en la segunda foto, a Santa Rosa le está creciendo algo en la entrada. Es un pórtico de materiales pesados, con columnas toscanas –malamente intersticiadas– que cubre un desnivel en la vereda que le sirve de atrio. La obra no sólo es inconsulta en una fachada con la entrada pedimentada y flanqueada por hornacinas marcadas en el muro, sino que es inconsulta en los papeles: no hay cartel de obra y los vecinos de Chajarí juran que la arquitecta interviniente no pidió los permisos necesarios en el municipio, ni hablar del control de patrimonio.

Tal vez el gobierno entrerriano pueda destinar algo del dinero de la industria de las multas a controlar su propio patrimonio…

Maratón

El 11 de diciembre hay convocada una verdadera maratón de audiencias públicas en la Legislatura porteña, prueba segura del apuro oficialista de aprobar los discutidos y discutibles proyectos de ley que tuvieron primera sanción el jueves de la semana pasada. A las once de la mañana se escuchará a los vecinos opinar sobre la venta del Mercado del Plata para financiar el bodrio del nuevo Centro de Gobierno en el Borda. A las doce, se hablará del centro de transferencia de cargas Sur. Y a las 14 y 15, en sesiones separadas, sobre el uso de los terrenos ferroviarios para hacer diversos proyectos de edificación. Hasta el seis de diciembre, cualquier vecino puede inscribirse para hablar en estas jornadas que prometen ser movidas.

El pueblo

El secretario de Planeamiento Urbano, constructor profesional y socio comercial de su jefe, Héctor Lostri, insiste en que hizo bien en autorizar a los curas de la iglesia de Guadalupe a demoler una residencia protegida como patrimonio. Lostri tiene la firma más que fácil a la hora de decretar la destrucción de edificios protegidos y siempre tiene una excusa. Esta vez, afirmó que autorizó la demolición porque se lo pidieron, repetidamente, los vecinos. Lo que se dice un pedido popular.

Pero resulta que la obra está paralizada por un amparo llevado adelante por el defensor judicial Andrés Gallardo, que esta semana recibió un refuerzo contundente. El consejo consultivo de la Comuna 14 le entregó a Gallardo, y al juez del amparo, una carta explicando taxativamente que ningún representante de los vecinos le pidió semejante cosa a Lostri. De hecho, los firmantes se permiten dudar de la palabra del secretario, al que definen también como un defensor de las demoliciones. Y aclaran que es la comuna la que representa, por el voto, a los vecinos y no un funcionario nombrado.

No es el único palo inesperado que tuvo que aguantar el gobierno porteño esta semana. Las tres principales cámaras que agrupan a los administradores de edificios publicaron este jueves una solicitada criticando duramente el nuevo programa “expensas claras”. Estas cosas son comunes cuando se cambia algo en Buenos Aires, porque siempre alguien se siente afectado o incomodado. Pero el texto de esta solicitada abunda en palabras como “desconocimiento”, “difícil”, “costoso” y “ríspido”. Las cámaras acusan al macrismo de “generar docenas de disposiciones contradictorias, superposición de obligaciones anacrónicas, burocráticas e inútiles” que ocasionan gastos inútiles.

Es evidente que Mauricio Macri creía que se metía con un sector percibido como villanesco, con la consecuente ganancia política. Pero no hubo capital político a ganar, el proyecto “expensas claras” no es claro y le contestaron básicamente señalando la incompetencia de su gestión.

 

 

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