VIAJAR…ES UN PLACER? PARTE II

 Por Rodolfo Livingston

 Podría deducirse de la nota anterior que los autos debieran ser reemplazados por los santificados trenes Si  se propusiera tal cosa obtendríamos la oposición inmediata -entre muchos otros-de los fabricantes, de  los dueños de estaciones de servicio y estacionamientos, de las pymes que fabrican autopartes,  de los compradores de autos y de los funcionarios del gobierno que sostienen, con razón, que la industria automotriz “da trabajo”, dejando de lado su impacto negativo sobre la ciudad y sus habitantes, a medida que se agregan más y más autos.

La reconversión  de la industria- que es posible-  debería ser gradual, a medida que la gente registre sus beneficios. El auto está arraigado en el mundo material y también en el espacio virtual que ocupa en nuestras mentes. En los años 30 y 40 la propaganda inducía a comprar un auto apelando a la razón. A partir de los años 50, cuando se publicó el libro “Las formas ocultas de la propaganda”, de Vance Packard, fueron instalados en la gente valores como el “status” y el machismo: ”2000 centímetros cúbicos bien puestos”, el pique como potencia sexual, el diseño “agresivo” y otros méritos virtuales. “Estoy perdiendo aceite”, “apenas lo toqué”, son frases  comunes que muestran la identificación del hombre con su auto, percibido como una extensión  de su propio cuerpo. “Estoy sin auto” se oye decir, como si se tratase de una parálisis transitoria. “Llegar” al El CERO KILÓMETRO parece ser una ambición universal, aunque la compra se desvalorice en seguida.

 En los avisos televisivos se ven autos solitarios vadeando arroyos, trepando por montañas nevadas, conducidos por jóvenes mal afeitados o bellas mujeres, rubias y flacas, que acarician la palanca de cambios con dedicación exagerada. Es decir, muestran el auto, pero lo que realmente compramos son los autos. En fila.

 Todo cambia…

 Los paradigmas pueden cambiar. El neoliberalismo como opción única (“el libre mercado” o el infierno, repetían los “especialistas”), está quedando atrás, como ocurrió con  otros paradigmas en la historia, que  parecían inamovibles.

Si nos vamos imaginariamente al año 2050, para nada lejano para nuestros hijos y nietos, ¿sería lógico pensar a Buenos Aires, por ejemplo, con 15 millones de autos  intentando moverse (y  estacionar ¡) por ruidosas  autopistas superpuestas con sórdidos lugares debajo? ¿Esa es la ciudad que queremos para nuestros descendientes?

      Llegado el momento todo el mundo se pregunta cuantos huevos    caben en una canasta, cuantas cajas en un galpón, cuantas hojas en una carpeta. ¿Y por qué  razón nadie se pregunta cuantos autos caben en nuestra ciudad?

 Gobernar una embarcación es prever el rumbo, gobernar un país es prever el futuro. Algo deberíamos pensar al respecto

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Un pensamiento en “VIAJAR…ES UN PLACER? PARTE II

  1. Exacto , comparto sus decires arq Livingston, la vuelta de los trenes cada vez está más lejos . Los viajes a Mar del Plata de la clase menos pudiente en tren son una tortura y los que pueden viajan en micros que parece que son las empresas beneficiadas con la destrucción del tren. El conurbano cada vez queda más lejos , se aleja con el deterioro de los trenes y las vías, la baja frecuencia y los accidentes de descarrilamiento . El interior también queda más lejos …Ojalá el gobierno encare un programa en el área ferroviara para ponerla en vigencia de nuevo.

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