REFLEXIONES SOBRE NUESTRA, POR AHORA, AVENIDA PARQUE

Por Santiago Fina * (20/02/13)

(*) Arquitecto.Integrante de PropAMBA

av9dejuliometrobusalterTrato. Juro que trato de encontrar una lógica en el accionar de los funcionarios del gobierno de la ciudad. Juro por mis hijos que trato. Lo pienso desde el lado del diablo y también desde el lado de dios. Juro que trato.

Sacrificar el patrimonio urbano, cultural y ambiental de la ciudad para ejecutar una obra obsoleta es, sin eufemismos, una canallada.

Los funcionarios macristas, cual ejecutivos de empresa, defienden las decisiones de sus jefes contra cualquier racionalidad que se les contraponga, por el solo hecho que es una decisión superior. Así salieron a defender la literal demolición de la Plaza Intendente Alvear para hacer una estación de Subterráneo, y solo desistieron cuando se dieron cuenta que esa no era Plaza Francia, donde estaba planificada realmente la obra. “Igual es lo mismo, porque todos conocen esta plaza como Plaza Francia” diría sin apelar a la nobleza, Piccardo…

Con los árboles pasa lo mismo. Poda y transplante en el hemisferio sur y por ley natural, deben realizarse en los meses sin “r” (Mayo, Junio, Julio y Agosto) Pero no, “si lo hacemos ahora es porque se puede, sino no lo estaríamos haciendo” diría Guillo Dietrich sin ponerse colorado, en charla por AM 1190.

Ayer tuvimos acceso al proyecto del tan mentado MetroBus 9 de Julio. Y definitivamente, la cosa es más descabellada de lo que los funcionarios cuentan disfrazando su discurso con un traje de progreso y modernidad.

El ícono de la Buenos Aires está en peligro. La avenida 9 de Julio ha logrado a lo largo de los años una categoría difícil de conseguir: haberse constituído en una “pieza urbana” consolidada como tal por su función, sus características arquitectónicas y su gran significado republicano, que la convierten en el epicentro de las grandes manifestaciones sociales.

Su destino, si como sociedad no accionamos, será indefectiblemente el de un gran asfalto con dársenas, refugios, paradas de buses, y demás herramientas viales que permitan conducir el flujo de una infinidad de bondis que deberán circular “a la inglesa” y reincorporarse al tránsito normal luego de no más de 30 cuadras.

Enfocan su pobre discurso en que en ese tramo, de (insisto) no más de 30 cuadras, los buses circularán mucho más rápido que antes. Y seguramente sea cierto. ¿Pero con qué objeto y a qué precio? ¿Usted se tomaría un servicio regular de colectivo desde Temperley, Tigre o Paso del Rey hasta el centro? Seguramente no y opte por el ferrocarril que es más económico y más rápido. Porque los grandes flujos laburantes, todos los santos días concurren al centro desde Retiro y Constitución. Pero claro, el MB 9 de Julio no llega a ninguno de esos centros de transferencia.

“El Metrobus Juan B. Justo también fue resistido, pero demostramos que funciona perfectamente”, dirían Vidal, Dietrich y Larreta en discursos literalmente guionados. Aunque en detrimento de los vehículos particulares podemos convenir que, más allá de cuánto tiempo se ahorra (mucho o poco), el servició es útil porque sencillamente une dos nodos como son Puente Pacífico y Liniers. Y el metrobus 9 de Julio, ¿que conecta? ¿Quién viaja entre San Juan y Arroyo? ¿No se pierde el tiempo que se gana en un tramo de 30 cuadras, caminando tres, cuatro o cinco cuadras, más la mitad de la avenida para llegar a las paradas? ¿Cuánto es el tiempo que insumirán los 180 buses por hora, para llegar a los nodos Retiro / Constitución o desde ellos a los carriles exclusivos? ¿Tiene sentido habiendo una línea de subterráneo en la misma traza y dirección que recorre la zona de una manera más eficiente? ¿No sería más racional invertir en optimizar ese servicio? Con este sistema pseudo BRT, el tiempo tal vez lo ahorre el colectivo pero no el pasajero.

Podríamos pensar en intenciones políticas de inauguraciones electoralistas, pero creo que no tiene sentido ahondar en ese tipo de especulaciones. Lo cierto es que la Avenida Parque tal como fue concebida, dejará de serlo si la racionalidad y la conciencia ciudadana no priman sobre la naif estupidez de un conjunto de niños que están jugando a ser funcionarios.  Y eso que no hice referencia a la inminente demolición del monumento a la Democracia, de artista plástico Gyula Kösice…